Y vio Dios que todo lo que había hecho estaba muy bien”

En el origen o comienzo (Génesis) del universo, del género humano y de la civilización, se proclama un Dios único y eterno, creador de todo cuanto existe. Desde el principio se estableció la relación de Dios con el hombre creado por Él, a quien confía el dominio del mundo y para quien quiere el bien y la felicidad a cambio de obediencia y fidelidad. Dios creó el cielo y la tierra; “creó la luz, la separó de la oscuridad y la llamo “día”, y a la oscuridad llamó “noche”, y para que no hubiese duda de su amor y voluntad, repitió siete veces, sin lugar a duda, “que todo lo que había hecho era bueno” y así fue (Gen. 1,1 – 31).

Hizo al hombre a su imagen y semejanza, este es el hombre que vive en gracia de Dios. “Revístanse del hombre nuevo”. Este es al que Dios creó a su semejanza, dándole la justicia y la santidad que procede de la verdad. Igualdad y dignidad del hombre y la mujer: La mujer como el hombre somos imagen de Dios. “Cuando Dios creó al hombre, lo creó parecido a Dios mismo; Hombre y mujer los creó, y les dio su bendición” (Gen.1, 27). Luego, Dios el Señor dijo: “no es bueno que el hombre este solo. Le voy a hacer alguien que sea una ayuda adecuada para él” (Gen.2.18), “no es bueno que el hombre esté solo, démosle una compañera semejante a él. Dios les dio, a ambos, la tarea de dominar al mundo, de continuar la obra de la creación, de ser con Dios co-creadores, corresponde pues, a la mujer tanto como al hombre.

El sexo es bueno y sano mientras sea debidamente orientado y guiado. Dios nos ha creado por amor. Nos ha llamado, por vocación, a ser padres, a ser cooperadores en el amor, y todos y cada uno de nosotros somos frutos de amor. El ser humano es un todo (materia, alma, mente y corazón) y el aspecto sexual (dentro del matrimonio) no se debe desechar o ver como algo sucio o pecaminoso. La relación sexual en la pareja además de cumplir su objetivo, si es una relación espontánea y libre, responsable y madura, sin violencia, sin sometimiento, manipulación, engaño, abuso o hasta crueldad; estará llena de sensaciones, de satisfacción y de fantasías. De ésta forma la sexualidad muestra toda su belleza, el fin y el objetivo de este aspecto es la manifestación de un amor mutuo, verdadero. Aunque en la cruda realidad, desgraciadamente y con todas sus consecuencias, muchos seres humanos son fruto del instinto y del placer, sin ser fruto del verdadero amor.

El Señor, en su infinita bondad, nos ha dejado en libertad y ha puesto delante de nosotros la vida y el bien, la muerte y el mal y nos ha dado la capacidad de elegir. Pero nuestras decisiones están llenas de indiferencia, de materialismo, de egoísmo, de lujuria y de soberbia. Hemos confundido el desenfreno sexual con la libertad. Un mensaje que al respecto nos dejó el Papa Paulo VI nos dice: Que otro peligro para la moral esta representado en el hedonismo, es decir, la doctrina que considera el placer en el lugar del bien… el erotismo se ha convertido en moda, el placer en derecho y el vicio en simple tontería. Cuando el aspecto sexual se separa de los valores morales y todo se encauza solo en lo carnal, en lo genital, se desemboca en la malicia, en el morbo y en la perversidad. Después de perder el sentido moral se han dejado llevar por el libertinaje y se entregan con avidez a toda clase de inmoralidades.

La búsqueda del placer por el placer mismo, excluyendo deliberadamente la finalidad y el orden debido de la acción, o prescindiendo del recto fin y del orden natural, sea intrínsecamente malo, inmoral. (Moral y sexualidad/ instrucción pastoral). Un especial tipo de satisfacción estimulante y gozosa ha puesto serenamente Dios en la realización de las múltiples expresiones de la sexualidad con acentos físicos, sociológicos, afectivos o espirituales, o bien todos a la vez, dependiendo del área de tales manifestaciones. Satisfacción fortísima y estímulo de profundo dinamismo que penetra la totalidad de la persona cuando ésta, movida por el amor, se entrega en don de sí a otra persona, sujetos ambos por igual del mutuo don, en la fusión generosa de cuerpos, afectos, emociones y espíritus.

El placer este que tiene además la altísima finalidad de repercutir en el amor de donación incrementándolo y dándole las plenas dimensiones de unidad, permanencia, fidelidad y fecundidad física o espiritual. Es el placer sexual un decisivo elemento integrador de la persona. Su búsqueda y su goce habrán de ser moralmente buenos o malos dependientemente, como se anotó arriba, de la acción que lo causa y de la proporción en la que se goza de el. (Moral y sexualidad / instrucción pastoral).

El amor libre y las relaciones extramaritales, con muy serias repercusiones de orden moral, social y cívico, dentro de las cuales mencionaremos tan sólo la excitación de pasiones pasajeras, temporales y epidérmicas, con sus secuelas de irrefrenables tensiones y desequilibrios sociológicos; La incitación al adulterio, el desbaratamiento de los hogares y la orfandad de tantos inocentes, la tristísima multiplicación de las madres solteras, la mercadería de la prostitución y la proliferación del nefando crimen del aborto (moral y sexualidad / instrucción pastoral). Y así podríamos continuar enumerando las consecuencias de los encuentros sexuales extramaritales, que constituyen una vejación y un ultraje a la dignidad de la persona y al auténtico amor de Dios que ha querido compartir con el hombre (moral y sexualidad/ instrucción pastoral).

El hacer del instinto un modo de vida; el vivir únicamente para el placer, es una pasión egoísta que destruye, donde lo que menos interesa es el bien y la felicidad del otro. El vacío, el hastío, la frustración, el conflicto son el resultado de: la lujuria, de la pasión desenfrenada, del adulterio, de la infidelidad, de la depravación y del placer como único objetivo. El valor del sexo se funda en el respeto al hombre y a la mujer y en el respeto a la vida humana como obra máxima de Dios.

Enviado por Margarita Higareda

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