Eucaristía y Vida Consagrada
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“Sacramentum Caritatis”
S.S. Benedicto XVI (No. 81)
En el contexto de la relación entre la Eucaristía y las diversas vocaciones eclesiales, resplandece de modo particular “el testimonio profético de las consagradas, que encuentran en la celebración Eucarística y en la adoración la fuerza para el seguimiento radical de Cristo obediente, pobre y casto”. Los consagrados y consagradas, incluso desempeñando muchos servicios en el campo de la formación humana y en la atención a los pobres, en la enseñanza o en la asistencia a los enfermos, saben que el objetivo principal de su vida es “la contemplación de las cosas divinas y la unión asidua con Dios”. La contribución esencial que la Iglesia espera de la vida consagrada es más en el orden del ser que del hacer. En este contexto, quisiera subrayar la importancia del testimonio virginal precisamente en relación con el misterio de la Eucaristía. En efecto, además de la relación con el celibato sacerdotal, el Misterio eucarístico manifiesta una relación intrínseca con la virginidad consagrada, ya que es expresión de la consagración exclusiva de la Iglesia a Cristo, al que ella fecunda y acoge como a su Esposo. La virginidad consagrada encuentra en la Eucaristía inspiración y alimento para su entrega total a Cristo. Además, en la Eucaristía encuentra consuelo e impulso para ser, también en nuestro tiempo, signo del amor gratuito y fecundo de Dios a la humanidad. A través de su testimonio específico, la vida consagrada se convierte objetivamente en referencia y anticipación de las “bodas del Cordero” (Ap 19,7-9), meta de toda la historia de la salvación. En este sentido, es una llamada eficaz al horizonte escatológico que todo hombre necesita para poder orientar sus opiniones y decisiones de vida.


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