Todos resucitaremos

Cristo resucitado es el primer fruto (Cf. 1 Cor 15,20) de la nueva creación. Con su cruz, Él ha abierto las puertas para que nuestros cuerpos también resuciten. Por eso los cristianos no sólo creemos en la resurrección de Jesús sino también en “la resurrección de la carne”, como profesamos en el credo de los Apóstoles, es decir en la resurrección de todos los hombres. Sobre esto escribe San Pablo: “Porque, habiendo venido por un hombre la muerte, también por un hombre viene la resurrección de los muertos. Pues del mismo modo que en Adán mueren todos, así también todos revivirán en Cristo” (1 Cor. 15,21;22) y más adelante: “En un instante, en un pestañear de ojos, al toque de la trompeta final, pues sonará la trompeta, los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros seremos transformados (1 Cor. 15,52). Nadie en este mundo puede comprenderlo del todo pero si sabemos que será como el cuerpo resucitado de Cristo. Similar en algunos aspectos a nuestro cuerpo en su forma actual, pero, para los redimidos, un cuerpo transformado y glorificado. Jesucristo resucitado ya no muere, ya no sufre las limitaciones del cuerpo mortal, las paredes y las puertas cerradas ya no son obstáculo para Él.

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