¿El matrimonio es la cruz de los casados?

¿El matrimonio es la cruz de los casados?

¡Hola! Mi nombre es Angélica y soy del Estado de México. Yo creo que el matrimonio es para que ambas personas crezcan; pero muchas veces no es así, sino que pasa todo lo contrario. Las personas dejan de hacer cosas que les gustaban; el brillo de los ojos desaparece y muchas veces sólo viven juntos por costumbre… Sé que esto está ligado al concepto que tenemos de “amor”, el cual implica “sacrificio y sufrimiento”, ¿pero qué tipo de sacrificio y sufrimiento? Por ejemplo, si una mujer se casa y recibe maltratos, golpes, insultos, humillaciones… ¿Es que debe soportar? ¿Eso es bien visto a los ojos de Dios? Me gustaría saber más sobre esto, porque al, parecer el divorcio es mal visto por la Iglesia. Pero ¿qué pasa cuando una persona no es feliz al lado de alguien que la maltrata? Todo esto me desconcierta y me gustaría saber un poco más sobre este tema.

Angélica:

Tienes mucha razón cuando dices que el Matrimonio es para que los cónyuges sean felices. De hecho, el fin del Matrimonio cristiano es la unitividad y la pro creatividad; y de ambos elementos se deriva la felicidad, porque ambas cosas sólo se pueden basar en el amor. El trabajo de los esposos consiste principalmente en mantenerse unidos en el amor, pues de otra manera, lo que debiera ser felicidad se convierte en una terrible carga.

Ahora bien, cuando las cosas van mal, debe darse el remedio indicado: si los esposos se casan poniendo a Dios de testigo en el sacramento, no hay razón para que se intente romper aquella promesa con un divorcio. El divorcio no le hace nada al compromiso contraído ante Dios, es un autoengaño. Hay cosas esenciales que no soluciona el divorcio. Lo que hace falta es que el cónyuge agresor vuelva al amor, olvidándose de la idea de que el amor se acaba, pues el amor no puede reducirse a un mero sentimiento.

Pero no estoy diciendo que tienen que vivir juntos a “fuerza”. La Iglesia propone como primer y mejor camino la reconciliación, tomando en cuenta tanto a los cónyuges como a sus hijos; pero si la reconciliación no es posible, se contempla también la separación, aunque manteniendo el vínculo del Matrimonio. Claro que las agresiones no se pueden tolerar en el Matrimonio; si se dan, lo más lógico es que los esposos se separen, al menos mientras se enfrenta el problema de un modo más civilizado. No se debe aceptar la agresión bajo ninguna circunstancia; ni siquiera como “sacrificio”, pues el matrimonio es para amar y no para odiar.

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