Los menores de edad blanco fácil del crimen or-ganizado

Los menores de edad blanco fácil del crimen organizado

Lilián Carapia Cruz

¿Vida de león o de oveja?

En días pasados escuchaba el testimonio de un sacerdote que presta sus servicios pastorales en una de las comunidades más peligrosas de México. Él comentaba que, en aquellas tierras, los narcotraficantes se llevan a los jovencitos, desde su más temprana adolescencia, con la finalidad de <formarlos> como sicarios. Este <empleo> va tomando auge; se gana mucho dinero por <un trabajo tan fácil como lo es el matar>. Lo peor es que se va haciendo cultura, pues hay una <cancioncita> que ya repiten muchos jovencitos: <Yo lo veo bien. A mí me gustaría ser sicario porque es mejor vivir unos diez años como león que treinta como oveja>. Y no podemos ignorar que una de las principales causas de esta mentalidad es el olvido de los verdaderos valores en el núcleo familiar: amor por la unidad, por las personas, por el trabajo y por una vida honesta.

Los menores un blanco fácil

Lamentablemente los menores de edad son uno de los principales <blancos> para los criminales, dada la ingenuidad y la vulnerabilidad propia de su etapa. El Centro Nacional de Planeación, Análisis e información para el Combate a la Delincuencia (CENAPI), de la PGR, reveló que desde que dio inicio la así denominada <guerra contra el crimen organizado>, al menos 821 menores entre nueve y 17 años han muerto  en tiroteos, al participar directamente en enfrentamientos entre grupos del crimen organizado. Estos pequeños habían sido utilizados antes de su muerte como sicarios, mercancía sexual, servidumbre, distribuidores de droga, vigías, inspectores, reclutadores de datos, <burros> que pasaban droga o <polleritos> que conducían a migrantes a los Estados Unidos. Buena parte de ellos fueron comprados por los criminales en los centros <correccionales> de menores con el argumento de que los integrarían en lugares donde pudieran superarse. Y así, aquellos inocentes fueron utilizados y culminaron una existencia trágica con un muerte trágica.

¿Por qué a los mexicanos?

Este mal no se da sólo en México, ni comenzó aquí, pero nos alcanzó como el cáncer que invade y pudre los ambientes. Ha crecido desmesuradamente aquí porque encontró un eficaz <caldo de cultivo> en la maraña de males que padecemos los mexicanos: la deshonestidad de la clase política que desde siempre ha caracterizado a este <México independiente>; la falta de un nivel cultural que nos ayude como pueblo a promover integralmente a los individuos conforme a los verdaderos valores de la verdad y la justicia; el desempleo y la pobreza que padecen millones de mexicanos; la corrupción en prácticamente todas las instituciones; la falta de oportunidades para miles de jóvenes que no tienen acceso a la educación o que, habiendo estudiado una carrera universitaria, no encuentran después un empleo acorde a sus esfuerzos…  Y los golpes contundentes que viene sufriendo en nuestros días la institución familiar, con la concesión de falsos derechos -<matrimonio> gay con adopción de niños; eutanasia; aborto…- que se promueven porque detrás hay jugosos intereses económicos, no el bien de las personas, absolutamente.

Se trata de <nuestros > menores

En una sociedad que se ha descompuesto a tal grado, todos estamos obligados a mantenernos despiertos para proteger a las generaciones más jóvenes. Todos somos responsables porque se trata de nuestros niños y nuestros jóvenes, que son personas a quienes Dios dio la vida y la más alta dignidad. Siempre será fundamental y determinante la labor de los padres en un primer lugar, pero allá donde ellos no cumplan con su papel, la patria no nos perdonará a los demás mexicanos quedarnos <cruzados de brazos>, viendo cómo son corrompidos nuestros menores.

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