Publicado por: Jesal · agosto 26th, 2011 Categoría: Varios temas para la familia
Hno. Jaime Zavala, msp
>Tus hijos y tus hijas estaban celebrando un banquete en la casa de tu hijo mayor, cuando de pronto un viento del desierto vino y sacudió la casa… Todos ellos murieron… Entonces, Job se levantó, y lleno de dolor se rasgó la ropa, se rapó la cabeza y se inclinó en actitud de adoración> (Job 18b19.20).
La pérdida de un ser querido es un acontecimiento doloroso, y a veces parece imposible superar. Esto no es para causar escándalo, pues los seres humanos tenemos sentimientos, emociones, tristezas y alegrías… no somos robots. Es más complicado aceptar la muerte de un familiar joven que la de una persona de edad avanzada, pues aparentemente ésta última ha cumplido ya con su misión, pero un joven <aún no se realiza en plenitud>, <tenía gran futuro>, solemos decir.
Según afirmaba Elizabeth Kübler, médica tanatóloga, <La muerte no sólo es un hecho que requiere aceptación, sino un proceso que debe enfrentarse sin miedo>.
¿Cuáles son las reacciones en las personas que han perdido un ser querido? Ante la muerte se presenta, en primer lugar, un estado como <de desafío>, de aturdimiento… Una sensación de incredulidad, hasta llegar a negar la realidad del hecho durante algún tiempo. La muerte se convierte en duelo constante.
Las personas afectadas se sienten vacías, recuerdan a quien falleció de forma insistente y caen en constantes ataques de llanto. Después viene un tiempo de <desesperación>, que dura en tanto la persona afligida no acepta la pérdida del fallecido. Hay tristeza, incapacidad de gustar de las cosas, ansiedad, sueño, falta de apetito, debilidad, mareos…
Por lo general, hay inconformidad con el médico que no pudo hacer más por la persona que ha muerto; desprecio hacia los amigos y conocidos, quienes parecen no dar importancia al acontecimiento e incluso rechaza a la persona fallecida, porque se ha ido. El trauma más fuerte se da en el reproche a sí mismo por haber tratado mal a la persona que se ha ido. Es el remordimiento de conciencia de quien prefiere morir a seguir viviendo, y suplica a Dios que también lo recoja.
¿Cómo superar el conflicto? Los especialistas en la materia dicen que sí es posible superar dicho acontecimiento. Lo que hay que hacer es aprender o imitar algunas virtudes de la persona que falleció; hace que su presencia esté latiendo en medio de los suyos, pero no con un recuerdo de tristeza sino con aceptación de la realidad.
Es necesario buscar establecer buenas relaciones con familiares y amigos para ir desahogando el dolor, pues estar en soledad afecta la mente. También hay que buscar el alimento de la vida espiritual: la confesión, la oración personal o en familia; el diálogo con algún sacerdote y, sobre todo, recibir la Eucaristía, que es fortaleza del espíritu.
Y muy importante. La fe nos da la capacidad de entender que el ser querido ya está descansando con Dios, y que ahora ruega por nosotros: hemos perdido un ser querido, pero ganamos un intercesor.
La muerte es un estado natural, el paso de la vida contingente a la trascendente. Los cristianos de la Iglesia primitiva se regocijaban ante la muerte de un converso: <Pues venimos de Dios por medio de nuestros padres y a Él volveremos>. En fin, la muerte es sólo un viaje… ¡un viaje a la casa del Padre celestial!
<Jesús le dijo entonces: -Yo soy la resurrección y la
vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá>.
(Juan 11, 25)
Tomado de la Revista Inquietud Nueva
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