Publicado por: Jesal · noviembre 26th, 2011 Categoría: Matrimonio y familia

Raúl Espinoza Aguilera
-“Es que ya cumplimos nuestro ciclo y por eso tronamos”; -“Es por demás, nuestra unión ya no funciona, ¡no nos entendemos para nada!”.
Con frecuencia escuchamos este tipo de “explicaciones”. Lamentablemente se ha convertido en una “plaga” esta proliferación de rupturas matrimoniales en nuestro país. ¿Pero cuáles son las causas de esta situación? La Dra. Laura de la Garza de Julián, directiva del Centro de Investigaciones y Formación para la Familia (CIFFA) expuso recientemente las siguientes razones, producto de un largo trabajo de investigación:
-A diferencia de las generaciones anteriores, en las parejas jóvenes se observa una pérdida de sentido trascendente de sus vidas: sin Dios, sin moral, sin religión, se pierde un importante asidero para la perseverancia conyugal.
-El valor de “ser fieles hasta que la muerte los separe”, así como la madurez y flexibilidad para superar los naturales roces que engendra toda convivencia, paulatinamente se ha ido desdibujando. Predomina más el egocentrismo y la búsqueda insaciable de la propia comodidad.
-Con frecuencia ocurre que ambos esposos trabajan. Saben a qué hora comienzan a laborar pero ignoran exactamente cuándo retornarán a casa. ¿Qué ocurre entonces? Los dos llegan muy tarde, prácticamente no tienen tiempo para convivir y menos para tener relaciones conyugales. Lo que les apetece es comer, ver un rato TV y dormir.
-Comienza a perderse la comunicación íntima, la confianza, los ideales en común.
-Todo ese afecto y cariño de los años de noviazgo se va desvaneciendo lentamente. Empiezan a vivir como extraños bajo un mismo techo.
-En algunos casos, por influencia de algunos medios de comunicación, esperaban “demasiado placer” de las relaciones sexuales, no sucede así, y pronto sobreviene el hastío y el aburrimiento.
-En la convivencia habitual, como se va volviendo tan fría y formal, ya no se cede con facilidad; no existe esa donación y entrega desinteresada, y se pierde la capacidad para la pronta reconciliación. Sobrevienen entonces los rencores y resentimientos.
-Surgen las adicciones o codependencias como evasiones ante ese estado de insatisfacción: al alcohol, a las drogas, a las redes sociales, a la preferencia de estar bebiendo en un antro con los “cuates” mientras que la mujer se queda en casa o con sus padres; en muchas ocasiones, se busca tener una relación casual con otra persona para supuestamente volver a sentir lo que es el “amor”.
-Con frecuencia las intromisiones de los suegros, lejos de ayudar, enrarecen la relación y producen un mayor distanciamiento porque suelen concederle la completa razón a uno de los dos cónyuges en conflicto.
¿A qué conclusiones llegaba esta especialista para remediar el problema actual de los divorcios? Incluyo también algunas consideraciones mías:
-Urge trabajar en la adecuada formación de los novios. Realizar toda una labor de prevención antes de que se casen.
-Inculcarles, de nuevo, el sentido de los valores trascendentales, como por ejemplo, colocar siempre a Dios y a la moral en el centro del hogar.
-Buscar tener hijos, porque cada criatura es fruto viviente de su amor y lazo que une más a los cónyuges. Es como el ancla que afianza esa unión.
-Cultivar el amor, el cariño y la ternura todos los días a base de pequeños detalles y muestras concretas de afecto.
-Que entre los esposos exista una verdadera amistad y confianza.
-Tener como valores supremos la fidelidad, el compromiso y la capacidad de sacrificarse el uno por el otro.
-Ser más tolerante ante los defectos del otro cónyuge; privilegiar la comprensión y aprender a perdonar y disculpar siempre y de todo corazón.
-Ante cualquier dificultad que surja, colocar al diálogo en un lugar prioritario.
-No poner al dinero como fin último de sus vidas ni la compulsiva adquisición de bienes materiales.
-Menos TV, Facebook, mensajes de Blackberry y Twitter, y más conversación amistosa para intimar la relación, para reflexionar sobre sus planes de vida.
Pienso, además, que el afecto y el amor se deben imponer en todo momento para que, como una plantita que se riega y se cuida todos los días, se llegue a convertir –con el paso del tiempo- en un árbol frondoso, fuerte, que resista todos los vientos y tempestades de la vida y se persevere hasta el final de esta unión familiar.
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