¿SER MADRE SIN DEJAR DE SER NIÑA?

P. Modesto Lule, msp

    Mariana toma a su bebé y lo lleva a su pecho. Julio camina frente a ella y le grita. Pero al sentirse ignorado la toma de los cabellos y le dice lo mucho que la odia. El llanto del niño sube de tono y una vecina se asoma por una de las ventanas y le grita que dejen dormir. Julio recrimina a Mariana por la reprimenda escuchada. El silencio en Mariana enfureció más a Julio que, sin pensarlo, le dio un golpe estrellándoselo en el rostro. Ella cae de espaldas lanzando al niño a un lado. Julio levanta al niño y le llama la atención por el llanto que emite. Mariana toma fuerza y se pone de pie para acercarse a Julio y quitarle a la criatura. Se da la media vuelta y se retira a pasos agigantados, mientras Julio vocifera en contra de los dos.

 

     Mariana camina por largo tiempo hasta llegar a una casa en medio de la calle. La luz interior de la casa está encendida a pesar de ser de madrugada. Se acerca a la puerta y se impulsa para tocarla, pero antes de que su mano llegue a la superficie se escucha la discusión de una mujer y un hombre en el interior. “No me grites”, dice la mujer. “Yo te grito las veces que quiera”, dice el hombre sosteniéndola del brazo.

 

     El niño de Mariana comienza a llorar y alerta a las dos personas de la casa. “Lo que faltaba”, dijo el hombre. “Tu hija otra vez en esta casa. De seguro aquel vago ya la corrió. Como si no tuviera suficientes problemas”. “Déjala viejo –dijo la señora- ella sufre mucho”. “Yo no le dije que se fuera de la casa”, respondió el señor. “es una niña, no hables así”, dijo la señora. “eso le pasa por tonta”, contestó el varón.

 

     Mariana toma valor y entra a la casa. “Si me fui de la casa fue porque ya no te soportaba papá. Todo el tiempo estabas borracho, golpeando a mi mamá”, dijo la muchacha. “Y si ya no me soportas, ¿por qué vienes otra vez? Te me largas ahora mismo de esta casa, no te quiero ver nunca más”… Mariana sale de la casa azotando la puerta con su niño en brazos ambos llorando sin consuelo…

 

     El embarazo en adolescentes aumenta cada día más. ¿Por qué? Las respuestas que dan los encargados de las estadísticas dicen que son diferentes los motivos. Puede ser a causa de los hogares desintegrados, problemas económicos y/o familiares, bajo nivel de escolaridad. En el peor de los casos tenemos las violaciones. Todas las estadísticas realizadas demuestran que hay mayor número de embarazos en adolescentes de familias disfuncionales.

 

     Un factor común a todas ellas: una mala historia del rendimiento escolar y la escasa o nula comunicación con sus padres y/o hermanos, sobre todo, en lo que concierne al sexo. Esto les lleva a buscar el consejo de otros jóvenes de su edad con su misma inexperiencia, carentes de correctos patrones de conducta. Algunos más atribuyen a la influencia de los medios de comunicación dicho aumento; así como el que los padres pasen mucho tiempo fuera de casa debido al trabajo. También el tener a la mano los preservativos ha fomentado la relación sexual entre los adolescentes. Ante tal problema, tan sólo con evitar lo que produce este fenómeno podemos ayudar a mejorar la vida de cada persona.

 

     Algunas recomendaciones para prevenir los embarazos de las adolescentes son: inculcar los valores de respeto hacia ellas mismas; conocer a sus amistades y averiguar cuáles son sus pensamientos para aclararlos; conversar entre padres e hijos sin perder el control y buscar el auxilio espiritual que tanto ayuda en estos casos; concientizar a las jóvenes de la responsabilidad que conlleva criar un hijo.

 

     La responsabilidad de ser mamá o papá es grande, pues no consiste sólo en solventar las necesidades materiales, sino más bien en inculcar los valores familiares que nos enseña Cristo en su Palabra. Por eso es tan recomendable que los que son padres tengan una formación en la fe y a su vez la den a conocer a sus hijos. Pero no basta con conocer a Dios, sino también hay que saber lo que Él quiere de cada uno de nosotros para que nuestra dignidad no se vea mancillada.

 

“Quien no corrige a su hijo, no lo ama.

La mujer sabia construye su casa

Pr 13,24; 14,1.

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