UN RELÁMPAGO DE AMOR

Elías Tamez Esparza

 

“Porque habrá entonces una gran tribulación,

como no la hubo desde el comienzo del mundo hasta ahora,

ni la habrá jamás. Y si no fuera abreviado ese tiempo,

nadie se salvaría; pero será abreviado, a causa de los elegidos.

 Si alguien les dice entonces: “El Mesías está aquí o está allí”,

 no lo crean. Porque aparecerán falsos mesías y falsos profetas que harán milagros y prodigios asombrosos,

capaces de engañar, si fuera posible, a los mismo elegidos.

Por eso los prevengo. Si les dicen:

“El Mesías está en el desierto”, no vayan; o bien:

“Está escondido en tal lugar”, no lo crean.

Como el relámpago que sale del Oriente

y brilla hasta el Occidente, así será la

Venida del Hijo del Hombre”. (Mateo 24, 21-27).

 

     En los próximos meses del año de gracia 2012, en todo el mundo, las noticias, los rumores, los programas de televisión, el cine, así como infinidad de información escrita y videos en el ciberespacio, estarán abordando cada vez más frecuentemente el tema del <fin del mundo>. Nuestros hermanos separados, desde hace varios años, han estado interesando a sus adeptos sobre el inminente <rapto> del que nos habla san Pablo en su primera Carta a los Tesalonicenses.

 

     Sería conveniente ampliar este tema, pero es incorrecto hacerlo infundiendo miedo. Lejos de verlo así, es algo que se debe asumir con esperanza, ubicándonos en el amor de Dios, para no temer y saber esperar, escuchar y observar.

 

     Cuando se habla del <fin de los tiempos>, el pueblo de Dios debe tener muy claro, en primer lugar, que no se habla del fin del mundo, sino del fin de la vida como la conocemos ahora; y en segundo lugar, el hablar del 21 de diciembre de 2012, o de cualquier otra fecha, es irrelevante, ya que también sabemos que <nadie sabe el día ni la hora> (Mateo 24, 36), ni siquiera Jesús, sólo lo sabe el Padre. Bien sabemos que Él es un Padre amoroso y justo. Sin embargo, hay algo de lo que sí debemos estar muy conscientes y es de los que llamamos las <señales precursoras, tanto las que ya se ven, las que se pueden ir viendo y en las que debemos estar muy atentos. Hay muchas y muy claras, y seguramente habrá más.

 

     Sabemos que, desafortunadamente, nuestro mundo vive hoy un gran caos que va desde un clima extremo e inestable; estallidos sociales, violencia a todos los niveles, problemas económicos, hambruna y pobreza extrema, así como la siempre desgarradora lucha por el poder y el control mundial. Hablar del <final de los tiempos>, o del <día de la gran tribulación>, es algo que al pueblo de Dios lo debe llenar de esperanza, al saber que dicho periodo concluye con la Parusía o segunda venida de Jesús. Pero mientras esta gloria nos llegue, sabemos también que nuestro mundo debe ser purificado.

     En este proceso de purificación entramos todos: cada persona, cada país, los gobiernos, los ricos, los pobres, las religiones, las organizaciones… incluso las especies animales, los mares, los polos, los cielos. Jesús vendrá como Justo Juez y será el momento de pasar la prueba de la vida. Pero vendrá, como nos lo dice san Mateo, como <el relámpago que cruza del Oriente y brilla hasta el Occidente>.

 

     Un  relámpago de Luz Divina, capaz de transformar y erradicar todo lo malo; un relámpago que nos llenará de una paz que hoy en día desconocemos; un relámpago de unidad, de reconciliación; un relámpago de perdón y de justicia, de amor, que nos abarcará desde fuera, para luego instalarse dentro, en nuestro interior, naciendo Jesús íntimamente en el corazón de cada ser, renovándolo y purificándolo para dar lugar a la conclusión de una obra redentora. Mientras tanto estemos atentos y despiertos, para saber recibir al Señor Jesús en nuestro corazón.

 

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