FOLLETO E.V.C. 459 CRISTO REY

Cristo ReyFOLLETO E.V.C. 459

CRISTO REY

Esteban Malaquías Chávez

R.P. Pedro Herrasti, S.M.

CRISTO REY

INTRODUCCIÓN

  En un monte rocoso de las afueras de Jerusalén, se encentran tres crucificados. El de en medio, ya muerto, cuelga exánime de tres clavos y porta en la cabeza una corona de espinas. Un letrero en hebreo y latín ha sido clavado en su cruz como la causa de su muerte: “Jesús Nazareno, Rey de los Judíos”.

  ¡Qué burla cruel! ¡Un “rey” flagelado y crucificado entre dos ladrones! Y sin embargo, ese hombre muerto, nacido en Nazaret, es verdaderamente Rey, y lo que es más, ¡es el “Rey de Reyes”! Es nada menos que Hijo de Dios Padre, Persona Divina encarnada de María Santísima, que ofreció su vida para salvarnos.

  La Sociedad EVC ofrece a nuestros lectores este estudio debido a la pluma del Sr. Esteban Malaquías Chávez, y coautor el P. Pedro Herrasti, S. M. que esperamos sea de mucha utilidad.

  Cristo es “El Señor”

  Llegada la plenitud de los tiempos, la segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Hijo de Dios Padre se encarnó de Santa María Virgen y se hizo hombre naciendo hace más de dos mil años en Belén, de la manera más humilde que puede darse ya que vio la luz en un establo.

  Este Hombre-Dios vivió en familia durante treinta años en Nazaret, dedicando sólo sus últimos tres años a predicar de pueblo en pueblo el Reino de Dios, curando toda clase de enfermedades, consolando a los afligidos, perdonando a los pecadores, liberando a los poseídos por el demonio y formando de manera especial a los Apóstoles.

  Para alcanzar la salvación, para ganarnos el perdón del Padre y librarnos de la muerte eterna causada por el pecado, decidió entregar voluntariamente su propia vida, sufriendo una dolorosísima pasión, derramando toda su sangre y muriendo en la cruz.

  Para reparar los pecados de los hombres, un hombre debería haber sido sacrificado, pues somos los hombres quienes nos separamos del amor de Dios por nuestros pecados. Pero ningún hombre, pecador también él, hubiera sido víctima apropiada para borrar los pecados del mundo.

  Era necesario un sacrificio de valor infinito y solamente Dios mismo tomando la naturaleza humana pudo salvar nuestra deuda. “Fue tratado como culpable a causa de nuestras rebeldías y aplastado por nuestros pecados. Él soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados” (Is. 53,5).

  Cristo nos compró a un precio muy alto: ¡nuestras almas costaron la Sangre de Dios! Por ello el Apóstol San Pedro dirá en su primera predicación el día de Pentecostés: “Sepa entonces con seguridad toda la gente de Israel, que Dios ha hecho Señor y Cristo a este Jesús a quien ustedes crucificaron” (Hechos 3,36).

  ¿Qué significa entonces que Cristo sea “El Señor”? Que siendo Dios, Persona Divina, la Palabra creadora de cielos y tierra, tiene todo poder en el cielo y en la tierra y por lo tanto es dueño de cuanto existe, es nuestro dueño y ha de ser el centro de nuestra vida. San pablo nos dice: “Para esto murió y resucitó: para ser Señor de vivos y muertos” (Rm 14,9).

  En su carta a los Filipenses abunda magníficamente en este tema: “Se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte y muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre sobre todo Nombre, de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el Cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre” (Flp. 2,8-11).

Cristo también Rey

  Siendo Jesucristo Señor y Creador de cielos y tierra, es por lo mismo Rey y dueño del universo y ha de gobernarnos como verdadero Rey; todo está sometido a su potestad. Somos en realidad sus súbditos y debemos gozosamente dejarnos gobernar por tan gran Rey.

  El reinado de Cristo es distinto

  Cuando pensamos en un rey, viene a nuestra memoria la imagen de un Carlos V, de Enrique VIII o de la actual reina de Inglaterra, cubierta de mantos y pieles de armiño, coronada de oro y diamantes, desfilando en una carrosa dorada y escoltada por gallardos soldados montados en cabalgaduras lujosamente adornadas mientras las multitudes los aclaman. Los Reyes habitan en palacios enormes, rodeados por toda una corte y servidos por elegantes mozos y doncellas.

  En el Antiguo Testamento vemos la idea que los israelitas tenían de aquel que sería su rey: el Profeta Daniel, vio venir entre las nubes del cielo a un hombre al cual se le dieron poder real y dominio al cual se le someterán todos los pueblos y su dominio no tendrá fin. Un Rey dueño de todos los pueblos conocidos en aquel entonces. (Dan. 7,13-14).

  Pero ante Pilato está Jesús maniatado y cuando le preguntan: “¿Eres tú el rey de los judíos?” Jesús le contestó: “¿Dices esto por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí? Mi reino no es de este mundo, mi reino no es de aquí. Tú lo dices, yo soy rey” (Juan 18,33-37).

  Esta afirmación de Jesucristo se ha prestado a numerosas interpretaciones, algunas de ellas francamente erradas. El texto original en griego debe traducirse “No es el mundo el que me ha hecho rey”, su reino no toca las realidades de este mundo, no depende de conquistas guerreras, de dinastías hereditarias, de la autorización o de los poderes de este mundo.

  Su realeza es sobre natural, viene directamente de su unión ‘hipostática’ palabra griega que significa la unión de su persona, de la divinidad con la humanidad.

  Venga a nosotros tu reino”

  Todos los días al rezar el Padrenuestro, deseamos se haga realidad la realeza de Cristo en el mundo y en nuestras almas. Santo Tomás de Aquino nos dice que esta petición se hace por tres motivos:

  • Para que la humanidad se sujete al reino de Cristo, entendido en cuento que los justos perseveren, los pecadores se conviertan y la muerte sea destruida al fin del mundo.

  • Que todos los hombres cumplamos su voluntad para salvarnos y lleguemos a su Reino, es decir a la gloria del Paraíso.

  • Sabiendo que en este mundo reina el pecado, pedimos para que en nosotros no reine sino Cristo mismo.

  Nosotros accedemos al Reino de Cristo por medio de la Fe y el Bautismo, negándonos a nosotros mismos, tomando nuestra cruz de cada día y siguiendo a Cristo.

Cristo Rey del universo

  Cristo rige todas las cosas temporales por el derecho que el Padre le ha concedido sobre todo lo creado y también es Rey internacional ya que no se limita a los pueblos propiamente cristianos, que regenerados por el Bautismo pertenecen a la Iglesia, sino que abarca igualmente a que los que se han separado de la Iglesia Católica y aún a aquellos a quienes no ha llegado la Buena Nueva.

  Jesucristo al ser verdaderamente Dios, tiene por naturaleza la soberanía absoluta sobre toda la creación en virtud de su mima esencia y naturaleza. No hay duda al respecto.

  Desde el mismo momento en que fue concebido, su humanidad estuvo unida a la segunda Persona de la Santísima Trinidad. En el Credo dominical declaramos que Jesús es “Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero”.

  También declaramos que en la Persona Divina de Cristo existen dos naturalezas: la Divina unida a la naturaleza humana y como Persona Divina, no fue creado como nosotros, sino “engendrado”, es decir, que desde toda la eternidad Dios es Padre, y lo es porque desde siempre ha engendrado al Hijo. Lo mismo sucede con los humanos: un hombre no es padre sino hasta que engendra a un hijo.

Cristo es Rey de mi persona

  Jesucristo es Rey de toda la Creación y es por lo tanto Rey de la humanidad, es mi Rey, al cual deben estar sometida todas mis potencias, inteligencia, memoria y voluntad; mi mente ha de ser sumisa y dar un firme asentimiento a las verdades reveladas, a la doctrina de Jesucristo que la Iglesia me entrega infaliblemente. Debo ser fiel al Papa, su vicario en la tierra.

  Mi voluntad, en consecuencia ha de estar siempre dispuesta a cumplir sus Leyes y Preceptos, o sea al cumplimiento de sus Mandamientos frecuentando los Sacramentos principalmente la Reconciliación y la Eucaristía. Consecuentemente, nuestra vida debe ser moralmente sana para poder salvarnos.

  El que Cristo reine en mi corazón significa concretamente que debo amar a Dios cada vez más y al prójimo viendo a Cristo reflejado en ellos. Debo relativizar y aún despreciar las cosas que el mundo nos ofrece cuando se opongan a la voluntad de Dios.

  Cristo es el Rey de mi casa

  Todo en la actualidad parece ser una conspiración satánica para destrozar la institución familiar: a la aceptación civil del divorcio como anulación de los vínculos esponsales, se han seguido como en las fichas del dominó.

  A partir del descubrimiento de los anticonceptivos en el siglo pasado, surgió el control natal percibiendo a la familia numerosa como amenaza a una vida cómoda: “pocos hijos para darles más”, “adoptar un perro”. Todos los anuncios, absolutamente todos, presentan a la “familia ideal” compuesta de padre, madre, un solo hijo y una sola hija. Dos hijos nada más. Son mensajes subliminales y contagiosos.

  El paso siguiente fue inevitable: un tercer hijo sería inaceptable y hay que abortarlo porque fue un “embarazo no deseado” a pesar de haber realizado todos los actos necesarios para la concepción de un nuevo ser humano.

  Ahora se habla de conceder a los jóvenes “derechos sexuales” incitándolos con anticonceptivos a tener relaciones, y si hay un embarazo, recurrir al aborto declarándolo “legal” según las leyes civiles. ¡Matar a tu hijo legalmente! ¡Qué cosa más absurda!

  Hacer una realidad el reinado de Cristo en el hogar, en medio del mundo corrompido, es una tarea sumamente difícil y por eso en la Iglesia existen muchos Movimientos a favor de la Familia. Si para ejercer un oficio cualquiera debemos estudiar y prepararnos, con cuanta más razón debemos esforzarnos en hacer de la familia un espacio donde Cristo sea el Rey.

Que Cristo reine en nuestra Patria

  El destino de nuestra Patria depende de cuánto hagamos por rescatar la Familia cristiana. Así de simple. El mundo ataca a la familia por todos lados aceptando otro tipo de “familias” como si las uniones homosexuales pudieran ser consideradas realmente familias; sufrimos violencia intrafamiliar incontrolada, corrupción integral de las instituciones y todo esto no es por casualidad, sino porque no hemos permitido que Cristo reine en México, donde la mayoría somos teóricamente católicos.

  Todos hemos sido bautizados incluyendo a los políticos que han aprobado el aborto, los narcos que llevan tatuada una Guadalupana en el brazo y asesinan a mansalva, los medios que corrompen a la juventud mientras hipócritamente organizan teletones; nos comportamos como ex cristianos y vivimos como paganos dejándonos seducir por doctrinas extrañas como la Nueva Era, el yoga, horóscopos, limpias y demás supersticiones llegando a dar culto a “Santa Muerte”.

  No creamos que estos males son cosa nueva, que no tiene una causa: es Satanás que se esfuerza desde hace dos mil años en que Cristo no reine.

  México, siglo XX

  El Presidente Plutarco Elías Calles, por su odio masónico a la Iglesia Católica, desató una feroz persecución religiosa. Ser Católico significaba pena de muerte.

  En muchos Estados de la República surgió inevitablemente la heroica defensa de la Fe llamada “Guerra Cristera” que comprende tres aspectos: el diplomático por parte de los Obispos negociando la Paz, los laicos en las ciudades agrupados en la liga para la defensa de la libertad religiosa, y en el campo la guerra armada. Cientos, miles de mexicanos sencillos campesinos, supieron enfrentarse al ejército y a los pelotones de fusilamiento dando la vida gritando “¡Viva Cristo Rey!

  En 1927, a raíz del atentado contra Álvaro Obregón, el General Roberto Cruz mandó fusilar a los culpables y también sin juicio al inocente P. Miguel Agustín Pro “como escarmiento” para los católicos. Para ello contrató fotógrafos para dar a conocer lo que sucedía cuando se combatía al gobierno. Famosísima es la fotografía del P. Pro con los brazos extendidos, portando un rosario en la mano derecha y gritando en el momento preciso “¡Viva Cristi Rey!”.

  El Beato laico Anacleto González Flores, que nunca tomó las armas, dijo antes de ser fusilado: “Que mi último grito en esta tierra y mi primer cántico en el cielo sea ¡Viva Cristo Rey!”.

  La Fiesta de Cristo Rey

  Fue instituida en 1925 por el Papa Pio  IX con la Encíclica ¡Quas Primas”, fijándola en el domingo anterior a la solemnidad de Todos los Santos con el fin de una pedagogía universal ante los avances del ateísmo en la sociedad. Quiso afirmar la soberana autoridad de Cristo sobre los hombres y las instituciones.

  Más tarde, en 1970 la Iglesia destacó el carácter cósmico y escatológico del reinado de Cristo: “Cristo Rey del Universo” y se fijó su fiesta en el último domingo del Año Litúrgico.

El monumento a Cristo Rey

  El Cerro del Cubilete está en el centro geográfico de México y en 1919 el Sr. Obispo Valverde celebró la Santa Misa en la cima.

  La sección de Adoración Nocturna del santísimo Sacramento con su Director Espiritual el P. Eleuterio de María Santísima Ferrer, sacerdote carmelita, propuso se pusiera simplemente una lápida conmemorativa pero el Presidente de los Adoradores, Don Felipe Bravo Araujo insistió en que mejor se construyera un monumento cuya primera piedra fue puesta el 12 de marzo. La dedicación se celebró el 11 de abril de 1920. Este primer monumento fue dinamitado por fanáticos masones el 30 de enero de 1928.

  Con el permiso del Presidente Ávila Camacho y la dirección del Arq. Nicolás Mariscal Y piña, se puso la primera piedra del monumento actual el 11 de diciembre de 1944. Corona el monumento la hermosa efigie de Cristo Rey, bendecida el 11 de diciembre de 1950.

 

¡VIVA CRISTO REY!

 

No digas…

No digas PADRE, si cada día no te portas como hijo.

No digas NUESTRO, si vives aislado en tu egoísmo.

No digas QUE ESTÁS EN EL CIELO, si sólo piensas en cosas terrenas.

No digas SANTIFICADO SEA TU NOMBRE, si no lo honras.

No digas VENGA A NOSOTROS TU REINO, si lo confundes con el éxito material.

No digas HÁGASE  TU VOLUNTAD, si no la aceptas cuando es dolorosa.

No digas DANOS HOY NUESTRO PAN, si no te preocupas por la gente con hambre.

No digas PERDONA NUESTRAS OFENSAS, si guardas rencor a tu hermano.

No digas NO NOS DEJES CAER EN TENTACIÓN, si tienes intenciones de seguir pecando.

No digas LÍBRANOS DEL MAL, si no tomas partido contra el mal.

No digas AMÉN, si no has tomado en serio las palabras del PADRE NUESTRO.

Sociedad EVC Apdo. Postal 8707, Col. Centro

06000 Ciudad de México

Oaxaca 53, Col. Roma 06700 Ciudad de México

Tel. y fax 55 14 69 78

evc@evc.org.mx  –  www.evc.org.mx

No hay comentarios en FOLLETO E.V.C. 459 CRISTO REY

Comentarios

tuzla escort pendik escort kartal escort jigolo maltepe escort porno izle