RECIEDUMBRE

Cuidemos el medio ambiente

Cuidemos el medio ambiente

Raúl Ventura Navarro

Una de las características de las personas que llegamos a admirar es su reciedumbre, es decir, su forma de hacerle frente a las dificultades de tipo personal, social o sencillamente ambientales con vigor, con fuerza y con decisión. Normalmente estas personas no se doblan fácilmente. Persisten en la consecución de sus fines, a pesar de lo arduo del camino, a pesar de lo escaso de los estímulos.

No cabe duda que la forma como afrontamos las pequeñas o grandes adversidades de la vida, nos van presentando ante los demás como personas débiles, sin carácter, sin fuerza de voluntad sin capacidad de tolerancia; o al revés, nos hacen aparecer como personas consistentes, con fuerza interna, con voluntad educada, con fortaleza.

Quejarse de las cosas que no salen bien, normalmente no conducen a nada, sino a sentir compasión y lástima por nosotros mismos. Muchas veces, ante las adversidades, en lugar de medirnos con ellas para superarlas, las utilizamos como un pretexto para no hacer nada. En este punto, desde la primera pareja humana, Adán y Eva, todos somos muy hábiles para culpar a los demás de nuestros desaciertos.

¿A dónde voy con todo esto? A hablar de una cosa bien sencilla. Estos días, estas semanas, están resultando más calurosos de lo acostumbrado. No todos tenemos la misma sensibilidad ante el frío o el calor. Pero por todas partes se escuchan voces de lamentación, de queja. Se llega tarde al trabajo o no se rinde igual por el calor; por supuesto que nadie niega esa realidad. Pero podemos asumirla de otra manera. Desde luego, pudiéramos reflexionar sobre el origen de este fenómeno. Existe un sobrecalentamiento de la tierra que ha sido causado en gran parte por el hombre; existe una grave e irresponsable tala de los montes; hemos llenado de cemento lugares que servían como pulmones de la ciudad; existe la mano cobarde que a propósito o descuidadamente incendia los campos, los cerros; de manera impune desperdiciamos el agua.

Junto a estas causas que están en nuestras manos poder, si no cambiarlo del todo, sí modificarlas, existen otros elementos que nacen de la cultura en que vivimos. Buscar el confort, la comodidad es un exigencia justa; pero hacer de la comodidad el único criterio es un abuso. La búsqueda de la comodidad, la ley del menor esfuerzo nunca han sido ingredientes de una verdadera educación ni han formado sociedades recias. No se trata tampoco de una educación espartana donde lo único que importa es superar los contratiempos y el sufrimiento mediante la negación del dolor; sino de saber afrontarlo y sobreponerse a él porque están de por medio valores sociales o personales que son importantes.

El hombre crece y se desarrolla en la medida en que sabe afrontar los retos que la vida le va presentando. Creo que en la familia y en la escuela habría que fortalecer más el espíritu de reciedumbre para saber salir adelante a pesar de los contratiempos y adversidades.

El lamento no construye; culpar a otros es señal de infantilismo; saber ser positivo en medio de las adversidades es de personas que tienen reciedumbre y fuerza de voluntad.

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